Milena, todo el día me estuvo dando vueltas en la cabeza, no podía pensar en otra cosa. No es que la enfermedad me haya alarmado más de la cuenta. Creo -sus comentarios parecen sugerirlo- que solo la ha afectado en forma benigna; así lo espero. Pero hasta la verdadera afección pulmonar (media Europa Occidental tiene los pulmones en condiciones más o menos deficientes), que conozco desde hace tres años, me ha traído más bien que mal. Lo mío comenzó hace unos tres años en plena noche, como siempre que nos ocurre algo nuevo (en lugar de permanecer tendido como me indicaron más tarde los médicos), y por supuesto también un poco alarmado, me dirigí a la ventana, me asomé, me encaminé al lavabo, anduve por la habitación, me senté en la cama… Sangre y más sangre. Sin embargo, no me sentía desdichado; porque, poco a poco, por una razón muy precisa, supe que dormiría por primera vez después de tres, casi cuatro años de insomnio, siempre que la hemorragia se detuviera. Y se detuvo (además, desde entonces no se ha vuelto a presentar) y dormí el resto de la noche. Si bien es cierto que por la mañana llegó la criada (por ese entonces yo tenía un departamento en el Schönborn-Palais), una muchacha buena, casi abnegada, pero extremadamente realista, vio la sangre dijo: “Ay, doctor, usted no tiene para mucho”. Pero yo me sentía mejor que nunca, fui a la oficina y solo por la tarde visité al médico. El resto de la historia carece de importancia.
Milena, acaba de cesar una lluvia que se prolongó por espacio de dos días y una noche. Es probable que solo se haya detenido por un rato, pero de todas maneras es un acontecimiento digno de ser celebrado. Y eso es lo que estoy haciendo al escribirle. Sin embargo, hasta la lluvia era soportable, porque aquí uno está en el extranjero, extranjero solo en cierta medida, pero con todo hace bien al corazón. Si mi impresión fue correcta (un pequeño encuentro aislado, semimudo, parecería ser inagotable en el recuerdo), usted también disfrutaba de la sensación de ser extranjera en Viena, aunque más tarde las circunstancias generales hayan ensombrecido ese placer. pero ¿no disfrutó usted de lo desconocido como tal? (Cosa que, dicho sea de paso, puede ser un mal síntoma, un síntoma que no debería presentarse).
Yo lo paso bastante bien aquí. Difícilmente pueda el cuerpo mortal soportar más cuidados. El balcón de mi pieza está inmerso en un jardín rodeado, desbordado de arbustos en flor (la vegetación es muy curiosa aquí: con una temperatura que en Praga casi congelaría los charcos, ante mi balcón comienzan a abrirse las flores) y expuesto por completo al sol (mejor dicho, a un cielo densamente nublado, desde hace casi una semana). Me visitan lagartijas y pájaros, parejas desparejas. ¡Me gustaría tanto que viniera a Merano! Hace poco me hablaba de usted, en una carta, de atmósfera irrespirable. La imagen y el sentido están muy próximos en ese caso y ambos podrían mejorar un poco aquí.
Con los más afectuosos saludos,
Suyo, F. Kafka
Estimada Frau Milena:
Usted se afana por la traducción en medio de ese sombrío mundo vienés. De alguna manera, eso me conmueve y me avergüenza. Supongo que ya ha recibido una carta de Wolf, por lo menos, ya hace algún tiempo que él me escribió mencionándome esa carta. La novela corta Asesino, que según dicen aparece anunciada en un catálogo, no me pertenece. Es un e
rror. Pero como, al parecer, es la mejor, quizá no se trate de un error, después de todo.
De acuerdo con su última y penúltima carta, el desasosiego y la preocupación parecerían haberla abandonado en forma definitiva. Sin duda eso también alcanza a su marido. ¡No sabe hasta qué punto se lo deseo a ambos! Recuerdo una tar
de de domingo hace años: yo me arrastraba por el Franzensquai, asiéndome de las paredes, cuando me crucé con su marido, quien marchaba en condiciones no mucho más brillantes: dos expertos en dolores de cabeza, aunque cada uno a su manera. No recuerdo ya si continuamos la marcha juntos o si cada cual siguió su rumbo. La diferencia entre ambas posibilidades no habría sido muy grande. Pero eso ya pasó y debe permanecer hundido en el pasado. ¿Lo pasa bien en su casa?
Afectuosos saludos
Suyo, Kafka
